martes, 3 de junio de 2008

WASSILY KANDINSKY “De lo espiritual en el arte”.

La obra de un artista, causa sutilmente sensaciones y emociones que no tendrán palabra, a diferencia de lo antiguo, es una tendencia que perdura, no es externo, sino más bien espiritual.
El espectador de hoy desea hallar un trozo de naturaleza en la obra, algo que alimente su espíritu, y mas aun su alma, es así como la obra se profundiza y cambia el estado de ánimo del espectador. Pasa también que estas obras causen que el alma se corrompa, se degenere, como el tono de las cuerdas de un instrumento que son unilaterales tanto en el tiempo como en el espacio y no agotan todo el efecto posible del arte.
El espectador tiende a dejarse llevar por lo que dice un texto, una fotografía, pero no se deja absorber por la intención que da un artista en su obra, por la energía, habilidad, virtuosismo, en la armonía de los objetos puestos y relacionados entre si por medio de una obra pintoresca. De esta, existen dos tipos, uno que es hijo de su tiempo, que refleja solo la atmosfera del momento, no tiene fruto, es un arte castrado, y muere cuando desaparece la atmosfera que lo ha creado. En cambio el otro tipo, es capaz de evolucionar, posee energía propia, su más fuerte agente es la vida espiritual que lleva hacia delante y eleva, mantiene siempre un sentido interior y un mismo fin.El artista, igual a nosotros, pero por dentro posee una fuerza visionaria y misteriosa, observa y enseña, es un profeta del espíritu, de lo natural y simple y entiende y se lamenta por la ausencia e indiferencia del espectador hacia él.

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